Este 19 de agosto, el caserío de Cuyca fue testigo de un acontecimiento sin precedentes. Una moto carguera, transformada a puro pulso en una vibrante biblioteca móvil, encendió motores para demostrar que las historias pueden viajar por cualquier trocha.

El arranque de un sueño comunitario
El reloj marcaba exactamente las 10:00 de la mañana cuando las compuertas de nuestra Mototeca se abrieron por primera vez bajo el sol cajamarquino de la provincia de Jaén. Lejos del estricto silencio que a veces imponen las salas tradicionales, nuestra inauguración se llenó de risas, miradas curiosas y un montón de manos pequeñas descubriendo páginas al aire libre.

La ruta, sin embargo, se trazó mucho antes. Desde el 2021, en el Centro Cultural Valle Colorete, sentíamos la urgencia de salir a buscar a los lectores. Sabíamos que no podíamos quedarnos esperando detrás de un escritorio; teníamos que llevar los libros a donde la comunidad late, juega y se reúne, rompiendo las barreras geográficas que limitan el acceso a la cultura.
La ruta que transformó un vehículo pesado en esperanza
Convertir esta idea en una realidad rodante requirió de varios motores impulsando hacia la misma dirección:
- El impulso semilla: Estructuramos el proyecto y postulamos al «Concurso nacional de proyectos para el fomento de la lectura y la escritura» del Ministerio de Cultura. En octubre de 2021 recibimos la inmensa noticia: ¡fuimos ganadores de los Estímulos Económicos!
- Autogestión: El capital y la asesoría técnica fueron vitales, pero la verdadera gasolina fue el trabajo incansable de nuestra directora y todo el equipo. Así logramos adquirir una moto carguera, intervenirla por completo y convertirla en una biblioteca sobre ruedas digna y hermosa para nuestra gente.
- Mediación en movimiento: La Mototeca no es un servicio de reparto. Cada vez que apagamos el motor, desplegamos nuestros libros y armamos un refugio temporal, un espacio no convencional para leer en voz alta, conversar y compartir.


Ver el asombro en los ojos de un niño al descubrir que un vehículo no trae sacos de arroz o herramientas, sino universos de papel, nos recuerda la esencia de este oficio. Leer juntos es un acto de amor y de resistencia comunitaria; es la promesa latente de que, sin importar cuán escondido parezca estar un pueblo en el mapa, las palabras siempre encontrarán la manera de acortar distancias y devolvernos el derecho a soñar.


El motor recién empieza a calentar y nuestras repisas están ansiosas por seguir rotando. ¿Qué título crees que no debería faltar en el próximo recorrido de la Mototeca? Déjanos tus recomendaciones en los comentarios. ¡Nos vemos en el camino!



